Curiosidades etimológicas XIV


EXPRESIÓN TRAS EXPRESIÓN

Etimología expresiones

Sed bienvenidos una semana más al blog. Volvemos al maravilloso mundo de la etimología para tratar el origen de una serie de expresiones cotidianas, el cual se suele desconocer. Y siguiendo la estela de otro contenido ya publicado, considero que detrás hay una explicación curiosa o cuanto menos llamativa. En esta ocasión, he querido traeros expresiones que empiezan con el verbo “poner”, entendido con su significado de español de España. Vayamos con ellas:

PONER LOS PUNTOS SOBRE LAS ÍES

La primera expresión que nos visita es un clásico. Bien utilizada, se refiere a que una persona va a hablar con claridad y contundencia sobre algo, llamando a las cosas por su nombre y dejando clara su postura. Pero detrás de su rimbombancia, hay una historia curiosa.

Puntos iY es que, hemos de viajar al siglo XVI para encontrar su origen, muy literal con la expresión en sí. En este siglo, los copistas, personas destinadas a copiar manuscritos y otros documentos, solían utilizar caracteres góticos por diversas razones, ya sea por elegancia, comodidad o incluso por moda. Si alguno chequea algún documento con este tipo de caligrafía, observará que en ocasiones, es relativamente fácil que algunas letras se confundan y que por lo tanto sea requerido algún artificio para que la lectura sea clara y rápida. Y la confusión que dio origen a esta expresión la encontramos entre la “u” minúscula y dos “íes” minúsculas (ii), algo común en el latín. Como bien os podéis imaginar, el latín era en muchos ámbitos el idioma culto y formal, ya fuese ligado a la iglesia o a nobleza y/o realeza, la cual basaba sus títulos en denominaciones latinas anteriores. ¿Por qué se podían confundir las íes con la u? Simplemente porque en esta época y con esta caligrafía, a la “i” no se le solía poner un punto encima. Así que buscando dejar bien clara la diferencia, los copistas empezaron a añadir los dos puntos sobre las íes cada vez que había dos juntas, algo que con el uso también se extendió a la “i” simple. Muchos estaréis pensando que en español esto podría llevar a mayor confusión, pues tenemos el sonido “ü”, como por ejemplo en la palabra “agüero”. Pero pensad en la Europa del siglo XVI.

Así que poner los puntos sobre las íes era un acto para evitar confusión y aclarar el contenido, algo que ha viajado en el tiempo hasta su uso actual. Curioso cuanto menos. Ya sabéis, la próxima vez que pongáis los puntos sobre las íes, llevaros un rotulador para dibujar puntitos encima de las personas para aseguraros que no haya confusión.

PONER PEGAS

Todos hemos puesto pegas en nuestra vida a algo o alguien. Básicamente la expresión se refiere a mostrar obstáculos o reparos hacia alguna acción. ¿Pero de dónde viene la misma?

Poner pegas

Poner pegas, una expresión con origen en los naipes

Se está bastante de acuerdo en que su origen más directo lo encontramos en las trampas que se realizaban en algunos juegos de naipes. Una de ellas, conocida como “el pego” o “la pega”, consistía untar  algunas cartas levemente con alguna sustancia ligeramente pegajosa para que o bien quedasen “pegadas” entre sí o pudiesen ser fácilmente reconocidas por aquella persona que barajase y repartiese el juego. Decir que esta sustancia era generalmente algún tipo de cera, la cual ablandada al tacto permitía tal truco.

Pese a que uno pueda pensar que esta argucia podía usarse en beneficio del repartidor de cartas, otorgando un mejor juego a quien él quisiese, parece ser que su objetivo era el contrario. Así, a la persona a la que se le ponían pegas tenía muy complicado el ganar la mano y la partida, pues mediante el truco de la cera se le repartía un mal juego. Y de este mundillo de los naipes la expresión ha evolucionado con el tiempo hasta incluir casi cualquier situación de la vida cotidiana.

La próxima vez que pongas pegas a algo, ¡no te olvides de untarlo con algún tipo de cera para hacer gala al origen de esta expresión!

PONER LOS PIES EN POLVOROSA

Vayamos con una expresión que me encanta y que hemos escuchado en más de una ocasión. La misma viene a significar huir de una situación de peligro con tal rapidez, que se levanta una polvareda alrededor. Pasemos a dar varias versiones que se dan dado sobre su origen.

Poner pies en polvorosa

Miniatura de Alfonso III el Magno

La primera y más curiosa, nos remonta al siglo IX d.C. en la península ibérica. Reinaba por aquel entonces en el Reino de Asturias el monarca Alfonso III, conocido como el Magno. Se nos cuenta que este rey tuvo multitud de luchas con los musulmanes, enmarcadas en la primera fase de la conocida como reconquista. En una de ellas, en la conocida como batalla de Polvoraria o Polvorosa (en lo que sería al norte de la actual Zamora aunque otros la sitúan en Palencia), las tropas asturianas se enfrentaron al Emir de Córdoba, Mohamed I. Os podéis imaginar cómo acabó la cosa. Alfonso derrotó a las tropas del emir de forma contundente y éstas, salieron despavoridas, poniendo pies en polvorosa (en alusión de nuevo a esta zona geográfica). Supongo que la magnificación posterior de los hechos ayudaría a la difusión de la expresión.

Pero vayamos a otra explicación. También se ha dicho que en la jerga de los delincuentes de los siglos XVI y XVII, la conocida como germanía (con el significado de hermandad), polvorosa venía a significar calle. Por lo tanto, se ha pensado que poner pies en polvorosa haría relación al hecho de huir de las calles ante una situación de peligro. Y por último, otros simplemente aluden al hecho del rastro de polvo que se genera cuando alguien sale corriendo.

¿Con cuál de las 3 te quedas?

PONER (O METER) EL DEDO EN LA LLAGA

Vamos con otra muy conocida. Cuando ponemos el dedo en la llaga, lo que estamos haciendo es tratar un tema que duro, molesto, perjudicial e incluso cruel para uno o varios interlocutores. Estoy convencido que todos hemos sido testigos de una situación así.

Para buscar su origen, hemos de acudir al cristianismo. Según nos relata el Evangelio de Juan, una vez que resucitó Jesucristo, se presentó a sus discípulos. De todos los presentes, parece ser que un tal Tomás (futuro Santo Tomás), no terminaba de creer que fuera realmente él, tocándole para ello las heridas procedentes de la crucifixión. Las mismas, eran también conocidas como úlceras o llagas y como os podéis imaginar, la expresión gozará de mucho sentido si entendemos que Tomás introdujo sus dedos en las llagas de Jesús resucitado. De este modo, pudo constatar que era cierto y surgió una expresión que ha pasado a la historia.

Poner el dedo en la llaga

La incredulidad de Santo Tomás, obra de Caravaggio.

A modo de curiosidad, he podido leer que este episodio también tuvo como consecuencia la aparición de otra expresión que es posible que hayáis escuchado. Se trata de “Una y no más, Santo Tomás”. Respecto a ella, la utilizamos para señalar con enfado o disgusto el sobre una acción, recalcando que la misma no se volverá a repetir por las consecuencias que tuvo. Y esto encaja perfectamente con la acción de Tomás hurgando en el costado de Cristo resucitado.

PONER EN TELA DE JUICIO

Y vamos con la última de la presente entrada y no por ello menos interesante. Poner algo en tela de juicio es básicamente desconfiar de la certeza de algo.

Lo primero que uno puede preguntarse es qué significado tiene aquí la palabra tela y si guarda relación con algún tipo de paño o tejido para la confección de prendas. Pero si nos da por seguir esta senda, nos alejaremos del verdadero origen.

Poner en tela de juicio

Telum, una especie de empalizada que al final provocó el origen de la expresión poner en tela de juicio.

Como en tantas otras ocasiones, tenemos que echar mano del latín para encontrar que tela es el plural de la palabra telum, la cual tiene varios significados. Desde arma (dardo), hasta y para el caso que nos trae, valla o empalizada. El telum (o tela), fue un concepto que avanzó en el tiempo, pasando por ejemplo a definir las vallas que se construían para separar el camino de dos contendientes a caballo, evitando que chocasen (pensad en un torneo de justas). Este concepto se expandió, pasando a definir recintos cerrados para diversos espectáculos (como debates y juicios). Finalmente, el significado de recinto fue el que se extrapoló al derecho, pasando a significar el lugar donde se archivaban expedientes pendientes de resolución, ya fuese por falta de pruebas u otros motivos.

Como os podéis imaginar y según lo explicado, los expedientes que se encontraban en el telum o tela, no estaban claros y se tenía dudas sobre ellos lo que encaja perfectamente con el significado de la expresión actual. Curiosa evolución desde el término original.

Y llegados a este punto, me toca despedir la entrada y desearos que paséis un excelente fin de semana. ¡Nos vemos la semana que viene!

Otras entradas sobre etimología: Curiosidades etimológicas

BIBLIOGRAFÍA:

La principal fuente consultada ha sido la obra:

Este contenido ha sido contrastado y complementado con las siguientes fuentes:

¿Ganas de mas? Sígueme en las redes sociales

    twitter  ivoox

 

Acerca de Mjolnirx

Apasionado de la historia y muy curioso.
Esta entrada fue publicada en Curiosidades etimológicas y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s