Revolución Francesa (VIII): 1796-1797


UNA REVOLUCIÓN AÚN INESTABLE

rf-viii

Saludos de nuevo a todos los lectores del blog. Salvo sorpresa, las próximas entradas van a cerrar el especial dedicado a la revolución francesa. A lo largo de siete episodios hasta ahora, he ido narrando los hechos entre 1789 y 1795, quedando por lo tanto desde 1796 a 1799. Y una entrada con las consecuencias y el legado de la revolución. Espero que os gusten y os invito a releer las anteriores para ponerse al día de estos hechos tan sonados en la historia de la humanidad.

LA ECONOMÍA Y EL DIRECTORIO

Cuando el Directorio llegó al poder, poco tiempo le faltó para observar el problema económico de la nación francesa. El tesoro estaba vacío, los assignats (moneda revolucionaria) no eran ni una sombra de lo que fueron, la inflación era alta y ante el caos de la situación, un porcentaje nada despreciable de franceses había dejado de pagar impuestos.

Sin ingresos apreciables y ante la necesidad de fondos para dirigir el país y financiar las campañas militares venideras, el Directorio se centró en dos facetas.

assignat valor

Evolución del valor de la moneda assignat

La primera se basó en la moneda. Ante la rampante pérdida de valor de los assignats y el hecho de que se estaba imprimiendo dinero por encima de reservas de oro que lo apoyasen, se decidió suprimir esta moneda. En una ceremonia curiosa, las planchas con las que se habían impreso millones de billetes durante años fueron destruidas.

Esto ocasionó un problema inicial y consistió en cómo pasar de ese dinero al nuevo (y más para aquellas personas que especulando habían adquirido grandes cantidades). Para arreglarlo, se permitió la compra de bienes inmuebles arrebatados a la iglesia o a la nobleza. Los assignats dieron paso en principio a un nuevo billete, los Mandat territorial, pero al ser de nuevo papel, perdió valor rápidamente y pronto sus carencias lo hicieron desaparecer.

mandato territorial

Ejemplo de mandato territorial, billete de corta vida que sustituyó a los assignats.

Tras ver que los billetes no arreglaban la situación, la economía se trasladó al oro y la plata. Las reservas de plata eran elevadas debido a la confiscación de bienes de la iglesia y la nobleza, pero el oro en cambio escaseaba.

Y aquí vemos la segunda faceta. Se buscó que el pillaje de las contiendas bélicas financiase al estado. De este modo la guerra fue concebida como inversión económica y al menos las campañas italianas fueron rentables en este aspecto.

Ligado a todo esto, nacieron nuevos impuestos que gravaban tanto propiedades (muchas de las cuales habían sido adquiridas con los assignats) como productos y bienes. Como veis, siempre es lo mismo. O guerras de conquista para financiar el estado con el botín o más impuestos. Aunque es cierto que estas medidas ayudaron a la situación de Francia.

UN EQUILIBRIO MUY FRÁGIL

Vayamos ahora a analizar el Directorio en sí. Si recordáis, llegó al poder justo después del terror jacobino con la promesa de que traería estabilidad y una postura más conservadora.

Pero una postura que intentase contentar tanto a revolucionarios como a facciones más conservadoras sólo era posible con un liderazgo fuerte. Y lamentablemente para Francia, eso no ocurrió. La falta de un mando eficaz provocó que sufriese los envites tanto de los sans culottes más revolucionarios como de elementos realistas contrarrevolucionarios.

Los primeros se preguntaban hacía dónde se estaba dirigiendo la revolución y los segundos, buscaban restituir a la monarquía.  Muchas fueron las preguntas lanzadas, algunas como: ¿Debía terminar la revolución? ¿Qué buscaba el Directorio en Europa? ¿La creación de un imperio comercial continental que rivalizase con los británicos o crear una serie de repúblicas títeres cuyo fin fuese una federación de repúblicas europeas controlada por Francia?

Y cuando las posturas se radicalizaron, el Directorio actuó de la misma forma que los gobiernos anteriores, con la represión. Veamos dos ejemplos:

François Babeuf

François Babeuf

El primero tuvo lugar con la conocida como Conspiración de los Iguales en 1796. La misma fue una sublevación encabezada por François Babeuf. Este oscuro personaje ha tenido el privilegio de ser considerado como uno de los primeros teóricos del comunismo moderno, pues sus ideas en teoría se basaban en la búsqueda de igualdad y reparto de riqueza. Pero, como suele ocurrir, sus propuestas no se limitaban a eso. Pensando que el pueblo francés no estaba preparado para auto gestionarse, propuso una dictadura encabezada por él mismo. Las malas cosechas, la inestabilidad social y económica y el desprestigio del Directorio, hicieron que ganase multitud de seguidores y que al final la sublevación se llevase a cabo. Pero, la conspiración fue descubierta y fracasó. Como os podéis imaginar la cosa no acabó bien para Babeuf y sus correligionarios, siendo guillotinadas unas 30 personas.

El otro aspecto significativo lo encontramos en los apoyos del Directorio. Ante la creciente presión de los sectores más radicales del ala jacobina-sans culotte, los dirigentes buscaron apoyos en sectores más moderados. Esto aupó a los realistas, los cuales poco a poco empezaron a ganar importancia en el gobierno. Esto suponía un nuevo problema; Los realistas a la larga planeaban derrocar la república y reinstaurar de nuevo a la monarquía. Y con este fin tanto austriacos como británicos colaboraron financiándolos. El Directorio por lo tanto tenía una difícil situación. Necesitaba a los realistas para frenar a los radicales revolucionarios, pero sabía que estaba engendrando un gran problema.  Y la cosa se puso más seria en 1797.

DE LAS URNAS A LA GUILLOTINA

En marzo y abril de ese año, se celebraron las primeras elecciones legislativas del Directorio, las cuales supusieron un triunfo para los realistas obteniendo aproximadamente un 60% de los escaños. Con esta cámara bajo su control, lo siguiente fue empezar a pedir cambios en la política fiscal y en la rehabilitación de la Iglesia Católica. El Directorio se vio forzado a ceder (sobre todo en lo referente a la religión) y esto envalentonó a los realistas. Ante el riesgo de que éstos pudiesen acabar con la República (se dice que había una conspiración en marcha), el Directorio viró de nuevo y se volvió a aliar con los jacobinos restantes y los sans culottes.

Luis XVIII

Luis XVIII, hermano mayor del guillotinado Luis XVI y principal candidato de los realistas para reinstaurar a la monarquía francesa.

Y de esa unión surgió el golpe de estado del 18 de Fructidor año V (4 septiembre de 1797). Militares e insurgentes procedieron a la detención de los principales realistas y el Directorio, anuló los resultados de las elecciones de ese mismo año. Siguiendo el mismo principio de paranoia que tuvo lugar en el Terror Jacobino, varios centenares de personas fueron sentenciadas a muerte y otras decenas fueron deportadas a la Guyana Francesa.

Como os podéis imaginar, los realistas respondieron sublevándose a su vez, pero la falta de un frente común provocó el fracaso de cualquier resistencia.

Así, de este modo, los radicales (englobados por algunos supervivientes jacobinos) se hicieron de nuevo con el control de las riendas del país. Acto seguido aprobaron leyes para purgar a aquellos sospechosos de ser realistas y volvieron a aplicar una política antirreligiosa, llegando incluso a proponer otra nueva religión basada en la existencia dual de un Dios y de un alma inmortal (al estilo del Ser Supremo de Robespierre).

Ligado a todo esto, también se censuraron varios periódicos, revistas y libros y ante el descontrol de la autoridad, las áreas rurales francesas se llenaron de bandoleros y asaltantes.

Parecía que todo se había movido para que nada hubiese cambiado…

GUERRAS REVOLUCIONARIAS ENTRE 1796-1797

El año 1795 fue un buen año para las armas francesas. Consiguió paces ventajosas con España, Prusia y Holanda, pero no terminó el conflicto con Austria y Gran Bretaña.

Con el fin de aplacar a los austriacos, los franceses diseñaron tres ofensivas en el este, dos en Alemania y una a través de Italia. Al mando de esta última, el Directorio nombró a Napoleón Bonaparte como comandante en jefe de las tropas (ya lo tenemos por aquí).

Napoleón Bonaparte

Napoleón en la batalla de Arcole

Ambas ofensivas en Alemania acabaron fracasando tras ser derrotadas por los austriacos, pero no ocurrió igual en Italia. Napoleón, con sólo 28 años, les plantó cara a austriacos y sus aliados de Cerdeña derrotándolos en batallas como las de Mondovi y Lodi. Esto provocó que Cerdeña pidiese la paz y que Napoleón pudiese hacerse con un cuantioso botín con el que seguir financiando sus campañas. Pero la cosa no acabó aquí y en las batallas de Arcole y Rivoli los austriacos fueron de nuevo derrotados. Como consecuencia, se llegó a la firma del tratado de Campo Formio en octubre de 1797, en el que los austriacos cedieron franjas de terreno de Europa a los franceses y Napoleón pasaba a controlar diversos estados italianos que acabarían transformándose en repúblicas hermanas títeres de Francia. Estos hechos aumentaron su fama y serían el inicio de la leyenda que acabó llevándolo a ser el emperador francés.

Con esta paz se acababa la primera fase de las guerras revolucionarias, las cuales a la larga habían supuesto un gran éxito para la nación francesa. Fueron muchos los momentos en los que pareció que acabaría claudicando, pero al final pudo darle la vuelta a la tortilla y vencer a sus enemigos.

Campo Formio

Tratado de Campo Formio 1797

Bueno, no a todos. Y aquí vemos de nuevo a Gran Bretaña. Con el fin de derrotarla, los franceses buscaron aliados e incluso llevar a cabo expediciones a Irlanda. La expedición más sonada a la Isla Esmeralda partía de la base de apoyar a los rebeldes irlandeses para expulsar a los británicos. De este modo se controlaría una base sobre la que en un futuro poder lanzar ataques contra la nación británica obligándola a capitular. Pero como supondréis, el intento de expedición llevado a cabo en diciembre de 1796 fue un fracaso y el mal tiempo se encargó de arruinarla.

El otro intento llamativo, fue la alianza con España en 1797. Aquí influyeron dos factores. Por un lado la debilidad española hizo temer que Francia volviese a atacarla y por otro la suma de efectivos navales de ambas naciones superaba a la armada inglesa, la cual amenazaba su comercio americano. Pero la cosa acabó pronto. En febrero de 1797, los británicos derrotaron a los españoles en la batalla del Cabo de San Vicente y de momento no hubo nuevos intentos (los habría años más tarde con Napoleón  ya en el poder).

Pese a que pueda parecer que Francia estaba bien asentada en el panorama bélico, 1798 y 1799 volvieron a demostrar lo fácilmente que podían cambiar las cosas y la fragilidad del estado revolucionario. Pero eso os lo contaré la semana que viene.

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Entradas sobre la revolución francesa

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