Revolución Francesa (VI): 1794


RELIGIÓN Y REVOLUCIÓN

Revolución Francesa

Seguimos una semana más haciendo un repaso por los principales hechos que acaecieron durante la Revolución Francesa. Hemos recorrido sus causas, inicios y desarrollo hasta el año 1793 quedando aún mucha tela que cortar. Los historiadores se han puesto de acuerdo en afirmar que el periodo acabó en 1799 con el golpe de estado de Napoleón y en esa década tan intensa fueron muchos los vaivenes y sucesos que merecen la pena ser nombrados. Continuemos por lo tanto.

RELIGIÓN Y CULTURA

Uno de los pilares básicos de los revolucionarios consistió en romper con lo anterior. Creían que suprimiendo las antiguas tradiciones heredadas del antiguo régimen serían capaces de resetear la sociedad y hacerla progresar. Y en esta tarea no escatimaron esfuerzos.

Y la religión fue enfilada casi desde el principio. Se la consideraba como un elemento de atraso y fuente de corrupción e injusticias. Muchas fueron las parroquias atacadas y saqueadas. Muchos los sacerdotes exiliados a países vecinos y otros con menos suerte perecieron acusados de contrarrevolucionarios. Por dar algunos datos, se estima que en la Pascua de 1794, apenas 150 de las 40.000 totales celebraron misas como lo hiciesen antes de la revolución.  Entre 1793 y 1794, 920 miembros del clero fueron ejecutados públicamente y para el final de 1794, aproximadamente un 25% del total había emigrado. De los que quedaron, muchos fueron obligados a abdicar y otros a casarse, símbolo social de su rechazo a la religión.

Pero los revolucionarios fueron un paso más allá. Para ellos no bastaba con atacar a la religión. Buscaron aplicar un principio de De-cristianización. Para ello era necesario desestructurar las múltiples celebraciones tan ligadas a festividades religiosas. ¿Cómo hacerlo?: Creando un nuevo calendario, inaugurado en octubre de 1793 para conmemorar el primer aniversario de la república francesa (que en verdad había sido en septiembre).

El mismo empezaba el 22 de septiembre (día de equinoccio en el hemisferio norte) y contaba con 12 meses de 30 días cada uno. Los meses a su vez, se dividían en tres periodos de 10 días (suprimiéndose así las semanas). Los 5 días restantes para completar los 365, fueron declarados festividades nacionales en los que se ensalzaba los valores de la revolución. Si uno mira los meses, sus nombres corresponden a la naturaleza y la agricultura, rompiendo de lleno con el calendario gregoriano y desapareciendo los santos del mismo.

Calendario revolucionario

¿Por qué el mismo fue un golpe para la religión? Vayamos de menos a más. Al de-sincronizar las fechas del calendario nuevo con el antiguo, cada vez sería más complicado para la población el celebrar las festividades religiosas en el día correcto. Las semanas de 10 días creaban a su vez confusión para determinar cuando era domingo para ir a misa.

20070717klphisuni_198_ies_scoSi a esto le sumamos el hecho de que se aplicó un nuevo modelo que desligaba a la iglesia de la educación en las escuelas, nos surge la pregunta de con qué se llenó ese vacío. La respuesta la hallamos en la potenciación de los valores de la revolución.

El patriotismo y otras virtudes fueron predicados a bombo y platillo en la Francia de la época. Esto se tradujo en que algunas localidades borrasen de sus nombres las referencias religiosas y las cambiasen por otras más acordes a la revolución. A los recién nacidos se les llamó con nombres de los líderes revolucionarios o con virtudes revolucionarias (Libertad, Victoria, Trabajo…) o incluso nombres de la naturaleza (Rosa, Narciso, Jazmín…).

Pero a pesar de todo esto, Robespierre y otros líderes se dieron cuenta de que la población no podía vivir sin creer en algo. El ser humano ha demostrado a lo largo de los milenios que siempre ha tenido que creer en un Dios y un culto siempre ha sido establecido. Y aquí los revolucionarios crearon lo que se llamaría el “Culto de la razón y del ser supremo”.

Ser supremo

Escenificación del culto al ser supremo

Presentado públicamente por Robespierre, la idea nunca cuajó. Era demasiado ambiciosa y la excesiva pompa puesta en su presentación causó desconfianza y al final se la vio como un intento personal de Robespierre de darse aires de grandeza.

Pero si hay algo llamativo es la contraposición de este ser con la libertad de culto impuesta en la Francia revolucionaria. Otras religiones habían sido reconocidas, pero se decía que por encima de ellas había un ser supremo que englobaba todas las virtudes de una persona. Siendo honestos, en el fondo no dejaba de ser otro culto para adoctrinar a la gente a comportarse de un modo determinado y el exceso de pompa y exageración en su presentación provocaron a la larga su fracaso.

¿ACABAR CON EL TERROR?

Pero volvamos a los hechos principales. Como indiqué al final de la anterior entrada, Francia llegó al final de 1793 mucho mejor de lo que lo empezó. Las sublevaciones de La Vendée y los estallidos federalistas habían sido aplastados, el avance enemigo en el este y sur frenado y el puerto de Toulon recapturado. La moneda, el assignat, empezaba a notar una mejoría y los precios parecían estabilizarse.

En definitiva, la Francia revolucionaria ya no tenía la soga al cuello. Y por lo tanto fueron muchas las voces que pidieron el fin del terror revolucionario y de las medidas especiales del Comité de Seguridad Pública.

Desmoulins

Camille Desmoulins

Y aquí de nuevo surgieron los problemas incluso dentro de los propios jacobinos. La facción liderada por Robespierre alegaba que el terror era necesario incluso por encima de la victoria total. Según su parecer, una combinación de virtud y terror llevaría a la sociedad francesa a un glorioso futuro.  Otra facción jacobina, encabezada por Camille Desmoulins y George Danton, pedían el regreso de las libertades del periodo de paz. Esta pugna llegaría a caldearse y acabó al final con Desmoulins, Danton y muchos de sus allegados en la guillotina. El hecho tuvo una enorme repercusión. Aunque se acusó a los guillotinados de corrupción y otros menesteres, en el fondo quedaba claro que el terror sería utilizado con aquella persona que se saliese de los límites establecidos por Robespierre y su entorno.

Danton

Georges Jacques Danton

Por lo tanto quedaba claro que el mismo no se había creado para defender a Francia de sus enemigos. El terror era un instrumento utilizado por el gobierno para satisfacer sus intereses. Y si era capaz de ser utilizado con gente del propio partido de Robespierre, cualquiera podría sufrirlo. Esto ayudó a crear una mayor conspiranoia y a que muchas voces se alinearan en contra de Robespierre.

El mismo, previendo que podía perder el control de la situación, aceleró una serie de medidas encaminadas a justificar las buenas intenciones de su gobierno. Por ejemplo, habría asistencia a enfermos, ancianos, desempleados y madres solteras. Se crearía una educación gratuita de al menos tres años y mejores regulaciones en el precio de los alimentos.

Paralelamente a todo esto, se abolió la esclavitud en las colonias francesas. Detrás de esta medida había varios objetivos. Por un lado se buscaba alinear a los habitantes de las colonias en el bando francés frente a la guerra que mantenía con España y Gran Bretaña. Por el otro, se buscaba quitar apoyos a la insurrección de Haití, una isla con la que Francia tuvo muchos problemas hasta su independencia en 1804.

EL FIN DE ROBESPIERRE

Pero pese a estas medidas, más teóricas que prácticas el terror siguió campando a sus anchas. Una nueva ley de sospechosos y enemigos de la revolución fue aprobada el 10 de Junio de 1794, cobrándose 1515 ejecuciones en París en sólo seis semanas (entre marzo de 1793 y junio de 1794 hubo 1124). Esta escalada era más propia del recelo y la paranoia de los líderes revolucionarios que a una situación de peligro.

Y esto se demostró tras la victoria de Fleurus el 26 de junio. La misma acabó con la presencia de tropas extranjeras en suelo francés, lo cual no frenó las ansias de sangre. Las guillotinas seguían cada día cayendo de forma implacable.

Robespierre

Maximilien Robespierre

Y aquí hacemos zoom en Robespierre. Su paranoia venía principalmente por la pérdida del control de la situación y por un intento de asesinato que sufrió. Su respuesta ante esta amenaza a su persona era siempre la misma: Terror y virtud (sobre todo lo primero). Pero mientras éste no alcanzó a los suyos, su liderazgo no fue cuestionado. Pero cuando cabezas ligadas al partido, y en muchos casos amigos suyos cayeron bajo la guillotina, todo cambió.

Se le empezó a ver como un enemigo y surgieron movimientos para derrocarlo. Y algunos de estos se cocinaron tras su desaparición de los actos públicos entre el 18 de junio y el 26 de julio. No están claras las razones de su ausencia. Algunos apuntan a su delicada salud, muy mermada por el estrés. Otros al miedo a ser detenido o asesinado. La rumorología campó a sus anchas.

Cuando volvió, el 26 de julio, emitió un discurso durante 2 horas en las que se defendió de las acusaciones de dictador y tirano. Señaló que existía una conspiración contra la república y su persona e incluso de forma general señaló que algunos miembros del gobierno formaban parte de ella (dando incluso algunos nombres concretos).

Este discurso fue en el fondo lo que lo mató. El señalar a miembros de su gobierno ayudó a fomentar la paranoia y muchos creyeron que la guillotina podía caer sobre ellos. Temerosos de su futuro, maniobraron y el día siguiente ordenaron la detención de Robespierre y sus allegados.

Guillotina robespierre

Ajusticiamiento de Robespierre

Acusados de tiranía se les sentenció a muerte. El día del ajusticiamiento, no se saben las razones aunque se habla de intento de suicidio, Robespierre acabó con un tiro en la mandíbula que no lo mató pero si le hirió gravemente. Aun así, esto no frenó la sentencia. El día 28 de julio de 1794 a la tarde, la guillotina acabó con su vida.

Paradojas de la vida. El hombre que tanta gente había mandado a la guillotina con sus decretos caía presa de la misma. Si ya lo dice el refrán: Quien a hierro mata, a hierro muere.

Pero esto no acabó con el terror. Los siguientes días más de 90 de sus colaboradores fueron guillotinados. Se buscaba así acabar con toda la influencia que pudiese tener.

Robespierre pudo ser un tirano y un excéntrico, pero sin su figura no se puede entender la revolución francesa. Luchó incansablemente por la misma y aunque es cierto que sus métodos no fueron limpios, su determinismo fue esencial en los peores momentos. Pero su cabezonería y su paranoia acabaron con él. He de señalar que hay voces que apuntan que fue la burguesía a la sombra de la revolución la que decidió acabar con él tras perder el control sobre su persona. Puede que nunca lo sepamos.

Pero la revolución no acabó con su caída. Aún quedan muchos hechos que contar, lo cual haré gustoso en futuras entradas.

¡Hasta la semana que viene!

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