Curiosidades etimológicas IV: El curioso origen de algunas expresiones


Con esta entrada llegamos a la cuarta referida al origen de palabras y expresiones. En esta ocasión he decidido comentar únicamente el origen de una serie de expresiones, algunas populares y cotidianas y otras curiosas. Estoy seguro de que más de una provocará más de una carcajada.

Echar un polvo

Esnifando-polvo-de-tabaco-rapéSin duda una expresión potente para comenzar el listado. Actualmente, echar un polvo tiene connotaciones sexuales en la sociedad bastante claras. Pero lo más curioso es que su origen en sí no tiene nada que ver con el sexo, sino con el tabaco. Y es que parece ser que ya desde finales del siglo XVIII, existía una variedad de tabaco conocida como Rapé y cuya particularidad especial era que en vez de ser fumada tenía que ser esnifada al tratarse de polvos. Aunque existen varias teorías, parece ser que justo después de esnifar la sustancia a uno le sobrevenían una serie de estornudos que quedaban poco elegantes en la sociedad de la época (otras teorías señalan que estaba mal visto esnifarlo en presencia de mujeres). Por estas razones, lo normal era que la persona se ausentase durante unos minutos antes de consumir este tipo de tabaco y fuese a un lugar discreto. Pero como ha ocurrido muchas veces, la condición humana está ligada a la picaresca. En ocasiones estas ausencias por el tabaco no eran más que excusas para tener actos sexuales fugaces y generalmente con amantes. Cuando preguntaban por el ausentado, la gente solía responder que había ido a echar un polvo (de tabaco), pero pronto quedó clara la razón de muchas de estas ausencias. La fama llegó a tal punto que al final está expresión se coló a nivel popular y actualmente es usada muy común escucharla coloquialmente.

Apaga y vámonos

misaLo más curioso de esta expresión lo encontramos en su “origen religioso”. Desde hace siglos ha sido entendida como que una situación había llegado a un punto en el cual nada se puede hacer y sólo queda marcharse y darlo por perdido.

Aunque no está clara la fecha o si se trata de un hecho inventado, parece ser que en una localidad de la alpujarra granadina había dos clérigos cuya relación pasaba por fuertes episodios de competitividad. Ésta llegó a su máximo esplendor cuando ambos optaban para ocupar una única plaza de capellán. Tras mucho discutir, llegaron a la conclusión de que aquel que realizase la misa más corta, ganaría la plaza.

Y así llegamos al día acordado por ambos. El primero subió al altar y dijo: “Ite misa est” (recordemos que hasta no hace mucho tiempo las misas se seguían dando en latín). Esta expresión equivalía al actual “Hemos celebrado la misa, podéis id en paz”. El segundo clérigo al percatarse de que estaba perdiendo la apuesta decidió salir al paso de un modo realmente curioso. Miró a su monaguillo, el cual portaba una vela y le dijo: Apaga (la vela) y vámonos. A pesar del desconcierto general, quedó claro que la misa de este último había sido la más corta pues realmente no había pronunciado ningún sermón.

El hecho adquirió cierta popularidad y quedó recogido como expresión incluso en la Real Academia Española. Sin duda está bien claro que una vez que el segundo clérigo dijo la expresión, nada más pudo hacer el otro. Picaresca española al poder.

Las armas de María la Morena

marimorena1Aunque quizás esta expresión haya perdido algo de popularidad entre la gente joven (los cuales prefieren decir que se lió parda), aún es posible escuchar en algunos contextos que se armó la marimorena. Y es que esta es otra de las muchas expresiones que existen para señalar que hubo un alboroto o escándalo.

Siempre en la historia han existido mujeres de armas tomar, pero parece ser que en el siglo XVI hubo una cuya repercusión en la sociedad madrileña fue más que sonada. No está muy claro si se trataba de un apodo o era su nombre real, pero en la historia ha quedado llamada con el nombre de María Morena. Esta mujer junto a su marido poseían una taberna en la cual recibían a personas de variada condición social. Parece ser que en 1579 la mujer se negó a servir un vino de gran calidad a un grupo de soldados, ya sea porque consideró que éstos no iban a poder pagarle lo que valía o porque era un vino reservado a “una clase social más alta”. La cosa es que el ambiente se caldeó y hubo tal follón que la cosa acabó con un proceso judicial abierto contra la taberna.

El proceso fue sonado y consiguió dar a conocer a esta mujer. A raíz de él muchos madrileños pudieron comprobar que esta mujer no dudaba en usar la violencia si tenía que enfrentarse con clientes problemáticos. Sabiendo la gente que en la taberna más de una vez se había armado María Morena y había habido gresca, la expresión siguió extendiéndose con el paso del tiempo. Y de ahí a armarse la Marimorena lógicamente no tuvo que haber un gran salto.

Salvado por los pelos

marinerosSeguro que en más de una ocasión hemos utilizado está expresión para referirnos a que nos hemos librado de un gran problema por poco. Pero si buscamos el origen de esta expresión, el problema al que se refiere era la muerte.

A lo largo de la historia el mar se ha cobrado miles de vidas ya sea por naufragios, batallas, caídas al mar…etc. En estos ambientes tan duros, hasta el mínimo detalle puede ser crucial a la hora de salvar vidas y de lograr con éxito una misión. Y uno de estos detalles era la cabellera.

En las embarcaciones, cuando una persona caía al agua se le arrojaban si se podían elementos flotantes que ayudaban a que no se ahogase el marinero. Pero en aquellas primitivas embarcaciones y principalmente en situaciones de tormenta la situación podía complicarse aún más. Y si a esto sumamos que durante siglos el saber nadar no era un requisito obligatorio para formar parte del cuerpo de marina (increíble), uno se da cuenta de que en algunos casos los hechos podían ser terribles. En aquellas embarcaciones más pequeñas o en aquellas que no tenían ningún sistema salvavidas, cuando un marinero caía al agua (y principalmente no sabía nadar) muchas veces era rescatado agarrándole de su cabellera y tirando hacia arriba para introducirlo de nuevo en el barco. Este detalle, muy aceptado y común en el mundo naval tuvo un choque importante en España con la llegada del hermano de Napoleón, José I. Entre las medidas que trajo, con el fin de mejorar la higiene de la soldadesca ordenó a los marineros que se rapasen la cabeza. Aunque la idea de partida era lógica, provocó una reacción muy negativa por parte de los marineros, los cuales argumentaron que los pelos eran en más de una ocasión la razón de su salvación. Tras una serie de disputas, al final consiguieron derogar la ley y que en las más altas esferas de poder la expresión popular marina de “salvarse por los pelos” cobrase una gran importancia.

Así que si estás meditando el cortarte el pelo y tu vida está muy ligada al mar, piénsatelo dos veces.

La silla de Sevilla

Episcopologio 22Aunque en la actualidad esta expresión no es 100% correcta con los hechos que acaecieron, el que se fue a Sevilla perdió su silla sigue enraizado en la cultura popular. Lo correcto sería decir el que se fue de Sevilla perdió su silla y la razón de esto la hallamos en la disputa que hubo entre un tío y un sobrino, ambos con cargos eclesiásticos. En 1460, un sobrino del arzobispo de Sevilla fue nombrado arzobispo de Santiago de Compostela. El tío, Alonso de Fonseca, sabedor de que la región gallega se hallaba un poco revuelta, accedió a la petición de su sobrino de ir a ayudarle a que la toma de posesión del cargo fuese lo más sencilla posible. Don Alonso, el cual contaba con mucho respeto y prestigio, se decidió a cumplir este cometido dejando mientras a su sobrino a cargo del arzobispado de Sevilla. Pero he aquí que en la mente del pícaro sobrino había otros planes. No había hecho su tío más que partir cuando decidió arrebatarle el cargo de arzobispo de la ciudad andaluza. En un principio no hubo problemas, pero al volver su tío, se encontró con la negativa del sobrino de devolverle el puesto. La pelea entre ambos llegó incluso a oídos del rey y del Papa, los cuales parece ser que llegaron hasta a enviar un ejército para restaurar el poder legítimo. Al final el tío recuperó el poder, pero el caso fue tan sonado en la época que gozó de mucha popularidad durante siglos.

El único problema de la historia vino con el paso del tiempo, el cual deformó la expresión en su origen para parecer que quien perdía la silla (en este caso la silla arzobispal) era quien se marchaba a Sevilla, no quien realmente la perdió temporalmente, que fue el que se marchó de ella.

Hasta la semana que viene 🙂

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Acerca de Mjolnirx

Apasionado de la historia y muy curioso.
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