No son sólo cosas de niños


Desde hace algún tiempo estaba en mi mente el escribir esta entrada. Hace un año, buceando por internet hallé una página donde contaban una historia de esas con una moraleja muy potente. Tan potente, que desde aquel día está grabada en mi conciencia y en la cola de los temas a tratar en esta bitácora. Aunque podría reproducirla tal cual, he preferido ir contándola a mi manera acompañándola de un análisis de las ramificaciones de la misma. Creedme si os digo que no son necesarios nombres reales, ni fechas, ni lugares concretos. Este caso podría pasarnos a cualquiera, directamente o a alguien de nuestro entorno.

stop bullying ben cohenEl tema central es el acoso escolar. Hace años, hubo una época en la que los medios de comunicación nos bombardeaban a diario con información al respecto. Pero ya sea por falta de interés o porque eso no les aumenta el share, decidieron dejarlo. Y porque no aparezca en portada no significa que haya dejado de pasar. Tristemente este problema afecta mucho más de lo que uno a primera vista le pudiese parecer y sus consecuencias son muy peligrosas. Ya sean mofas, agresiones o rechazo social, el daño para un niño o adolescente puede provocar secuelas de por vida. Y si no me crees, existen casos pasados de suicidio por acoso a modo de recordatorio cruel.

Pero ¿quién tiene la culpa de estos casos? ¿Son los niños realmente conscientes de lo que hacen? ¿Se preocupan lo suficiente los padres tanto de los niños maltratadores como de los maltratados? Estas preguntas son el punto de partida a la hora de definir el problema y entrever las soluciones.

Ahora sí, vayamos con el caso.

Una niña adolescente de alrededor de 14 años es víctima de acoso escolar de muy diversas formas. La niña, ya de por sí tímida, empieza a cohibirse más y a actuar de forma tan extraña que sus padres se preocupan. Rápidamente se interesan por la situación y descubren que el problema radica en el colegio, más concretamente en sus compañeros de clase. Por esto y ante el agravamiento de la situación deciden tratar el asunto con sus profesores del instituto.

acoso-infantil

Y aquí encontraron los padres el primer obstáculo. Los profesores aunque reconocen la situación, expresan su relativa incapacidad de poder hacer nada más allá de la reprimenda o castigo al adolescente maltratador. Tristemente la sociedad actual ha conseguido denostar al profesorado y quitarle toda posibilidad de disciplina educativa en los adolescentes (a pesar del gran número de horas que pasan al día con ellos). Se ha llegado en ocasiones a tal situación que el profesorado prefiere evitar las consecuencias de tener problemas con los padres. De ahí que estos padres no pudiesen contar con su apoyo real salvo algunas promesas formales.

Con el fin de superar estas dificultades, los padres pensaron en cambiar de colegio a la joven. Apareció otro problema, esta vez geográfico. La familia vivía en una región poco habitada con escasez de centros educativos. Además por motivos laborales era muy complicado para los padres buscar otro instituto, ya que los desplazamientos necesarios diarios les conllevaban demasiado tiempo. Por esto, tomaron la decisión de cambiarla de clase. Pero los abusos no acabaron ahí. En los recreos siguió recibiéndolos y algunos de sus nuevos compañeros se sumaron a las burlas. Los padres comenzaban a estar desesperados y enfocaron el problema tratando con los padres de los adolescentes que acosaban a su hija. Pero raro es el padre que reconoce ese tipo de actos en su hijo. Normalmente éstos escurrían el bulto en otros niños, negando tajantemente que sus hijos estuviesen involucrados. Leí que algunos padres respondieron incluso de forma hostil y casi violenta.

Imaginaros de nuevo la desesperación de los padres. La vía buena no funcionaba. Los profesores estaban maniatados y los padres miraban hacia otro lado. Y el acoso evolucionó. Ya no eran sólo burlas. Ahora empezó a manifestarse a través del teléfono móvil de la joven (curioso que los jóvenes con 14 años tengan acceso pleno a un teléfono móvil). Todo esto provocó que la joven empeorase, no quisiese ir al colegio y relacionarse con nadie.

Todo les indicaba que debían ir a la policía. Pero en la policía, a pesar de la información y el apoyo, no pudieron hallar la ayuda que querían. La respuesta fue simple: Un niño/a con 14 años es considerado como menor y por lo tanto no se le puede aplicar “responsabilidad penal” en este caso. Es cierto que su comportamiento es sancionable, pero demostrarlo llevaba un tiempo que los padres no se podían permitir.

acosoescolar2.0Desolación. El panorama que se presentaba a sus ojos era muy negro. Cada día que pasaba el problema crecía y ya empezaba a pasar factura a la propia familia, cuyos padres temían que su hija acabase optando por medidas estrictas. Parecía que unos niños de 14 años y sus padres eran inmunes a todo, pero por suerte para la familia, alguien iba a venir al rescate.

Desesperados, los padres contrataron los servicios de un abogado. Éste, tras estudiar el caso, y supongo que conociendo los entresijos de la ley, les propuso una solución tan simple como efectiva.

“Es complicado el proceso penal contra un joven de 14 años. Pero esta misma edad no le permite poseer un teléfono móvil a su nombre. Es decir, los teléfonos que utilizan para realizar acoso contra la adolescente deben de estar a nombre de uno de los padres. Si usted va a la policía diciendo que recibe amenazas y acoso de un número de teléfono concreto, la policía investigará a quien pertenece ese número y el juez lo llamará a declarar, sin que usted reciba la excusa de que son menores quienes realizan el acoso”.

Los padres sabían la dureza de esta medida y su efecto en los otros padres. Pero tras haber intentado solucionar el asunto con ellos y haber recibido nada más que rechazo y desprecio, decidieron utilizar este recurso.

acoso

Así que fueron a la policía, pusieron varias denuncias y aportaron como prueba las amenazas recibidas por teléfono. Evidentemente aunque el móvil de la acosada estaba a nombre de su padre, las amenazas recibidas eran explícitamente contra la joven. Al cabo de unas semanas el juez citó a declarar a algunos padres y aquí comenzó el show.

Imaginaros un padre/madre que recibe una citación de un juez para declarar en un caso de acoso a un menor. Y todo porque el móvil desde el que se realizan las amenazas está a su nombre. El susto de primeras tiene que ser importante. Y explicar a tu entorno que vas a un juicio acusado de acoso a un menor tampoco creo que sea algo agradable. Y por último ir al juicio y enfrentarte al juez es el remate. Y aquí nos encontramos las dos principales posibles respuestas a la pregunta del millón: ¿Realizó usted estas amenazas?

Si el padre/madre respondía que sí, sería juzgado por acoso y podría incluso ir a prisión. Esto destruiría toda su reputación social y complicar su situación en la cárcel (pues aquellos cuyos crímenes están relacionados con niños suelen ser los que peor lo pasan).

Si el padre/madre responde que no, debería señalar quien realizó esas amenazas. Sí decía que había sido su hijo/a, me puedo imaginar la reacción del juez. Primero lo llamaría cobarde por no enfrentarse a su hijo. Segundo, le preguntaría qué clase de padre es, y qué educación era la que le estaba dando a sus hijos al permitirle que socialmente arruinara a una adolescente. Éstos sentirían algo en el cuello y no creo que fuese precisamente el nudo de la corbata. Y más cuando el juez les mencionase que si se volvían a repetir las amenazas entendería que éstas provendrían de parte del responsable del móvil y que al haber reincidencia conllevaría penas.

bully1El efecto fue inmediato. Al segundo o tercer padre/madre que fue a declarar, otros padres se acercaron a pedir disculpas y sus hijos dejaron tajantemente de acosar a su hija. Los propios padres hablaron con los profesores, ganando éstos el respaldo necesario para ejercer la necesaria disciplina en los acosadores. Esto fue determinante para que el acoso físico también desapareciese.

Pero por ironías de la vida, hubo otra consecuencia. Algunos acosadores, al ver cortadas sus alas, se rebelaron en sus casas, estallándoles el problema a sus padres en la cara. Al final acababan sufriendo doblemente las consecuencias de un problema al que en sus inicios le dieron la espalda.

Si uno analiza lo escrito llega a la conclusión de que hay padres no interesados en lo que hacen sus hijos mientras no les salpique. Cuando esto ocurre, deciden actuar descargando una severidad injusta contra sus hijos, severidad que deberían aplicarse ellos mismos. No estoy diciendo que los padres sean malos, sino que deben estar más presentes en la educación social de sus hijos.

Pero uno acaba observando que por mucho que la prensa pueda hablar de ello, socialmente es muy complicado luchar contra este problema. Ya sea por dejadez, o porque la ley no es muy estricta o porque los profesores están atados de pies y manos, muchos niños día a día sufren estos abusos.

Como dije al principio, mi objetivo era dar la alarma sobre un problema, hacer una reflexión y mostrar una posible solución. Si por favor conocéis a alguien que sufra este tipo de abusos, no miréis hacia otro lado y habladles de lo aquí escrito. Seguro que le haréis un gran favor. Hasta la semana que viene.

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Acerca de Mjolnirx

Apasionado de la historia y muy curioso.
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