Las patatas y Federico II el Grande


Las comemos casi a diario, ya sean fritas, cocidas, asadas o como decimos en el sur de Andalucía, “a lo pobre”. Las patatas son sin duda un alimento que ha tenido una importancia muy grande a lo largo de la historia, debido a su facilidad de cultivo, bajo coste de producción y aporte nutritivo de las mismas. Este tubérculo, tiene una historia curiosa, o más bien tienes muchas, pero hay varias en concreto que servirían para escribir varios libros.

patatasLa patata, oriunda de América, era un alimento ya muy conocido mucho antes de la presencia de los españoles. Sus características como alimento eran tales que hasta algunos calendarios de pueblos precolombinos tenían su momento más importante con la cosecha de las mismas. Los españoles, tras su desembarco en el continente americano, empezaron a comprobar sus propiedades en el siglo XVI y tras ver lo bien que aguantaban largos viajes, empezaron a mandarlas a España.

Pero sus inicios en Europa no fueron fáciles, ya que en una sociedad con fuerte influencia religiosa, se veía a la patata con malos ojos al no aparecer en la biblia. Se llegó incluso a decir que eran objetos del diablo y que consumirlas provocaba enfermedades y catástrofes. Paralelamente, algunos hombres de ciencia de la época, la estudiaban y la veían como una anomalía botánica (un claro ejemplo de esto se ve en el nombre dado a las mismas en Francia y algunas zonas de Bélgica y Holanda: manzanas de tierra). Si sumamos el miedo popular al alimento con la visión de una rareza botánica de coleccionista, la patata estaba destinada al fracaso. Pero la historia iba a demostrar cuan equivocados estaban los europeos respecto a las mismas. Y es que las hambrunas en Europa demostraron dos cosas: Que ante malas cosechas, generalmente las patatas solían aguantar y crecer, y que en tiempos de necesidad, uno come lo que sea para sobrevivir, aunque pudiese proceder del propio diablo.

La patata por lo tanto, empezó a expandirse poco a poco por Europa a través de España e Italia por el sur, y por Irlanda, Reino Unido y Holanda por el norte (en Irlanda fue un alimento con una importancia esencial, pues en muchos casos era lo único que comía la población).

Federico II el grande de Prusia

Federico II el grande de Prusia

Y conviviendo el miedo con la necesidad, llegamos a Federico II el Grande, rey de Prusia (1712-1786). Este hombre ha pasado a la historia por sus campañas militares, dejando de lado una historia, que personalmente la encuentro aún más grandiosa: Conseguir quitar las trabas religiosas-sociales a la patata y establecerla como un producto básico en la alimentación. En plena ilustración, el rey observó las peculiaridades de la patata y lo útil que era para combatir el hambre. Inicialmente tuvo varios infructuosos intentos de convencer al campesinado y mundo rural de plantar el producto. Esto fue debido además de por el oscurantismo del producto, a que es bien conocido que el mundo rural debido a la importancia que tiene, es muy reacio a grandes cambios ya que si esos cambios fracasan y provocan malas cosechas, el hambre aparece como enemigo implacable.  Por lo tanto, el monarca observó que necesitaba un plan. Y para ello ideó una genialidad:

Tumba de Federico II el Grande

Tumba de Federico II. La gente suele dejar patatas en su honor.

Aunque lo que relato a continuación no puedo garantizar que sea verdad al 100% debido a que podría haber sido exagerado y excesivamente adornado, si que al menos tiene una base cierta. El rey mandó plantar patatas en los huertos y algunos jardines de sus palacios. Junto a ellos disponía una seguridad exagerada, con la finalidad de que la gente del pueblo pensase que se estaba custodiando algo realmente importante y valioso. Ayudado por la rumorología, un día, con la excusa de necesitar efectivos para una batalla, dejó los huertos sin seguridad. La gente, aprovechando la ocasión asaltó los huertos y pudo comprobar estupefacta que allí sólo había patatas. Pero caló el mensaje. Si un producto era tan protegido por un rey, debía de significar que era muy bueno y saludable. Tras robar las patatas, al poco empezó a surgir el producto en los campos.  Pero faltaba un último golpe, y era que había que quitar el miedo de la gente ante represalias por el robo (tanto divinas como procedentes del monarca). Y aquí el rey, dio otro golpe. Y este nuevo golpe consistió en una serie de edictos, conocidos como los de la patata que tenían por objetivo conseguir que las clases dominantes ayudasen al cultivo de la patata, que se quitasen los prejuicios sociales a la población haciendo ver que era un buen alimento y que se obligase a su plantación en determinadas zonas. Y es que la patata era un alimento excepcional que venía a paliar el hambre cuando había malas cosechas de otros alimentos. Esto cumple una de las partes de la máxima romana de pan y circo. Si la población tenía alimento, era muy raro que se sublevase (cosa que se comprobó en algunas hambrunas que azotaron al reino prusiano, al ser la patata el elemento clave de la alimentación de los prusianos). Popularmente, esto le valió al monarca el apodo del rey de la patata, y tanto es así, que desde hace muchos años, en su tumba se depositan patatas en su honor.

Patatas_Bravas_468x360bResulta curioso, como debió el monarca valerse de la propaganda y de un plan meditado para lograr introducir un producto básico, pero que había sido “ensuciado” con muchos prejuicios. Esto me hace dudar si muchos de los prejuicios actuales hacia muchos alimentos o cosas, no son realmente más que barreras para poder disfrutar de una mayor calidad de vida. ¿Hacen unas bravas para acompañar a esta reflexión? 😉

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Acerca de Mjolnirx

Apasionado de la historia y muy curioso.
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2 respuestas a Las patatas y Federico II el Grande

  1. Adriana dijo:

    Muy interesante, y ciertamente,, Federico el Grande, era muy grande, para prevenir que se le levantaran en armas, ahora, con el inmenso uso que le hemos dado a las papas, menos nos podemos levantar en armas, porque ya no nos podemos ni levantar de la silla, jajajaja, Todos obesos. Besitos queridito, muy padre.

  2. Pingback: Cómo evoluciona nuestra forma de escribir: Cultivando patatas | RAD

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